Después de un mes de no haber escrito ni mi nombre, ahora, de madrugada, para variar, volvió la inspiración, o tal vez, simplemente, estoy buscando algo que me ayude a dormir. Siendo las tres y treinta y dos minutos del trece de marzo, a escasos cinco días de cumplir veintiún años, estoy sentada en mi cama, tratando de escribir algo. Sea interesante o no, no me importa por ahora, lo único que importa es que no deje de escribir, por más estúpido que sea, nunca dejar de escribir. No importa si el texto está lleno de detalles absurdos y sin algún punto al cual llegar. Total, para eso es un blog personal, ¿no?, a riesgo de caer en la arrogancia, la verdad es que un espacio como este es el palacio del autor. Puedo escribir lo que quiera y eso me gusta: incluso el título con números.
Cambié mi cuaderno rojo, ese que escogió jota una noche de domingo del año pasado, por una laptop. No fue un arrebato de snobismo. Mi cuaderno rojo se ahogó. Alguna imbécil, habitante de mi casa (creo saber quién es) en la noche del sábado, abrió el caño del baño que está al costado de mi habitación, a pesar de que no había agua, y fue taaaan estúpida que lo dejó así, como si en su diminuta mente no se le pasó la idea de que, en algún momento, probablemente en la madrugada, volvería y nadie estaría despierto para cerrarlo. En fin, a las cinco de la mañana, mi gato Michi, me despertó. Miles de miaus en mi cara lograron levantarme para abrirle la puerta y dejarlo salir. Medio dormida bajé de mi cama y pisé un charco que me llegaba hasta el tobillo. Todo mi cuarto era una piscina. La noche anterior dejé mi bolso de la universidad, que tenía en el interior, mi amado cuaderno rojo, ese que escogió jota una noche de domingo del año pasado. Lo primero que hice, después de correr a cerrar el grifo, fue recogerlo y tratar de secarlo. Me entristeció mucho, porque era una de las pocas cosas tangibles (por no decir la única) que me hacían recordarlo, además tengo algunas cosas escritas ahí, tonterías como esta, quizás, pero mis tonterías, al fin y al cabo. Cabe resaltar que, después de sacar el agua a las cinco de la mañana, con ayuda de mi tía I. quedé con un resfrío terrible, y estuve con inyecciones, que, felizmente, acabaron ayer, pero que hizo que perdiera algunos días de clase. Perdí tiempo, dinero y energía por culpa de la oligofrénica que no cerró el caño. Esas cosas me estresan. Todavía tengo tos.
En todo caso y cambiando de tema, este post es lo primero que escribo en mi recién estrenada notebook, comprada por mi mamá, como regalo de cumpleaños. Los regalos cada año se ponen más interesantes. Mi mamá debe quererme bastante. Jalé el ciclo y todavía me regala algo chévere y me sigue pagando la universidad. Soy muy afortunada.
Volviendo a cambiar de tema, o regresando al tema de siempre, hace 95 días no veo a jota. Tengo la certeza de que él ya no piensa en mí. Estoy casi segura de que ni se acuerda qué pasó, ni quién fui, ni lo que él fue o es para mí. Mientras tanto, yo estoy escuchando salsa a las cuatro de la mañana, ritmo que nunca me gustó escuchar, y cantando canciones tristes de Marc Anthony y Víctor Manuelle. Es como si No me conoces y Hasta ayer, o Como una estrella las hubieran escrito especialmente para mí.
Debería hacer algo por ayudarme. Han pasado más de tres meses sin saber de él. Ya no soy una adolescente. Estas cosas ya no me deberían afectar. Al final, hombres hay millones. Pero yo quiero a jota. Sé que ya me he arrastrado demasiado, que hice el ridículo, que Bridget Jones, es la persona más centrada, elegante y coherente comparada conmigo.
La cagué con él. La cagué sin él. Con él, nunca supe cómo actuar. Me gusta muchísimo y nunca pude disimularlo. Sin él, la cagué más, la cagué en la universidad, que era una de las cosas que más me importaban, la cagué en periodismo. Sin él, mandé todo a la mierda y me abandoné. Supongo que es, o era (no lo sé), como mi droga. No debería estar pensando todavía en él. Si fue el primero, ya pues, ¡qué chucha! Ya pasó. Debería estar tirándome a algunos tipos por ahí. Debería ser libre. Debería dejar de pensar en jota. Pienso en él incluso hasta antes de abrir los ojos en la mañana. Pienso en él hasta de madrugada. Pienso en él, en el micro, pienso en él cuando almuerzo, cuando me baño y hasta cuando camino. Pienso en él más que cuando me dejó en cuarto de secundaria y me volví anoréxica. Ahora estoy obesa, comiendo huevadas para endulzarme la vida.
Hace 95 días no apago mi celular. Lo cargo prendido. Lo llevo conmigo todo el tiempo. Tengo la puta esperanza de que pueda llamar algún día, enviarme un mensaje o al menos una miserable timbrada, como aquel uno de diciembre del año pasado. Una puta timbrada que me devuelva la vida. Lo extraño. Quiero tenerlo otra vez. Sé que fue una mierda conmigo, sé que se burló de mí, que cuando le dije que no me venía la regla jamás volvió a aparecer. Sé que cambió su número y que no le importó ni un poquito hacerme todo el daño que me hizo. Sé que es una basura, tal vez sea masoquista por seguir queriéndolo. Fácil me gusta hacerme daño. No lo sé. Lo único que sé es que quiero estar con él. No me importa que la tenga súper chiquita y delgada. No me importa que acabe al minuto y que siempre termine pidiendo disculpas. No me importa que sea chato y flaco y tenga una mancha roja en la frente. No me importa ni siquiera que sea mesero. No me importa que haya sido drogadicto y que aún a veces se meta algo, (creo que eso sí me importa porque no quiero que le pase nada malo). No me importa que tenga una oreja diferente a la otra. No me importa que no tenga dinero y que no haya estudiado nada. No me importa que viva en un cuarto de 12 metros cuadrados con su mamá y sus hermanos. No me importa tener que acostarme en su camarote de media plaza. No me importa manchar mi ropa con sus fluidos. No me importa que me sirva olluco después de hacerlo. No me importa tener que aguantar sus aburridas historias de su trabajo o su infancia. No me importaba quedarme despierta hasta la hora que él salía de trabajar, para enviarle un mensaje preguntándole cómo le fue. No me importaba verlo sólo una vez a la semana, aún cuando me deshacía por verlo todos los días. No me hubiera importado casarme con él, por más que vaya contra mis ideales. No me importaría presentárselo a todo el mundo. Aunque sí me importa que sea tan borracho, eso sí me jode mucho, cada vez que tomaba era un infierno y por eso terminó conmigo dos veces.
No sé por qué salió todo el rollo del no me importa, supongo que es porque no me importan sus defectos. No sé si es un capricho, pero quiero que sea sólo mío. Quiero tenerlo exclusivamente para mí. Quisiera que fuera mi muñeco y manejarlo a mi antojo. Quisiera que me regalaran a jota por mi cumpleaños. Tal vez se lo pida a mi mamá, total, alguien con esas características no debe ser muy caro.
viernes, 13 de marzo de 2009
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3 comentarios:
Lamento lo de tu cuaderno.
Por otro lado, tienes un computador portátil. Eso vale mucho más que cualquier noviecito (al menos en mi opinión).
Feliz cumpleaños.
ohhh
que enternecedor.
por lo menos tienes a quien extrañar, por quien sufrir.
yo tengo que sufrir por seres imaginarios.
sufro por chicos que aun ni conosco. pero sé que me haran sufrir.
en fin.
creo que llegó el momento de escribir algo. me harte de poner fotos tontas para rellenar.
ja
pero tampoco escribir tiene que ser algo forzado, de todos los dias.
de pronto llega la inspiración.
cuidate. wiris. estaremos en contacto.
Todo el mundo dice lo mismo (a veces hasta tu te lo repites)es solo porque fue la primera vez, es solo porque fue la primera vez, ya se pasara, pero lo que pasa es el tiempo y no la sesanción de que estas perdiendo algo, algo importante, algo vital, notanvital como el corazón.. pero talvez sus latidos no son tan fuertes como antes,talvez lo que pierdes con el primer amor es el volumen, el volumen de tus latidos que ahora susurran y ya no gritan como antes.
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